Nuestro cuerpo, fábrica de vitaminas

Cada vitamina tiene funciones determinadas en nuestro organismo, pero lo que tienen en común es que son piezas clave de los complicados engranajes que mueven nuestro metabolismo.

En un post anterior hablamos de las vitaminas esenciales, es decir, las que nuestro cuerpo no puede producir a pesar de ser necesarias. En el artículo de hoy hablaremos de las vitaminas no esenciales, es decir, las que pueden producirse en pequeñas cantidades en nuestro propio cuerpo. En teoría, no sería necesario tomar suplementos para poder obtenerlas, pero no debemos confiarnos: muchas personas padecen carencias.

 

VITAMINA K

Cantidad diaria recomendada para adultos: 60 µg (microgramos)

Función en el organismo: es muy conocida su actividad en la coagulación de la sangre. Es decir, es necesaria para que se formen los coágulos que taponan las heridas y evitan que perdamos demasiada sangre cuando tenemos una lesión. Además, la vitamina K también tiene un papel importante en el transporte del calcio desde nuestro torrente sanguíneo hasta los huesos, por lo que también se relaciona con el mantenimiento de unos huesos fuertes. Hay diversos tipos de vitamina K (K1, K2 y K3) que nuestro cuerpo utiliza para estas funciones.

De dónde proviene: las bacterias que forman parte de nuestra flora intestinal producen una pequeña cantidad de esta vitamina, por esta razón se considera “no esencial”, es decir, que no sería necesaria ingerirla con los alimentos. No obstante, se puede encontrar también en los vegetales de hoja verde, como la col, las espinacas, el brócoli, la lechuga o el perejil.


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